PLATÓN, República, Libro VII, Ed. Gredos, Madrid 1992 (Traducción de C. Eggers Lan). LIBRO VII
La alegoría de la caverna pretende poner de manifiesto el
estado en que, con respecto a la educación o falta de ella, se halla nuestra
naturaleza, es decir, el estado en que se halla la mayoría de los hombres con
relación al conocimiento de la verdad o a la ignorancia. Así, los prisioneros
representan a la mayoría de la humanidad, esclava y prisionera de su ignorancia
e inconsciente de ella, aferrada a las costumbres, opiniones, prejuicios y
falsas creencias de siempre. Estos prisioneros, al igual que la mayoría de los
hombres, creen que saben y se sienten felices en su ignorancia, pero viven en
el error, y toman por real y verdadero lo que no son sino simples sombras de
objetos fabricados y ecos de voces.
Este aspecto del mito sirve a Platón para ejemplificar,
mediante un lenguaje plagado de metáforas, la distinción entre mundo sensible y
mundo inteligible (dualismo ontológico), y la distinción entre opinión y saber
(dualismo epistemológico). La función principal del mito es, no obstante,
exponer el proceso que debe seguir la educación del filósofo gobernante, tema
central del libro VII.
Este proceso está representado por el recorrido del
prisionero liberado desde el interior de la caverna hasta el mundo exterior, y
culmina con la visión del sol. El mito da a entender que la educación es un
proceso largo y costoso, plagado de obstáculos y, por tanto, no accesible a
cualquiera. El prisionero liberado debe abandonar poco a poco sus viejas y
falsas creencias, los prejuicios ligados a la costumbre; debe romper con su
anterior vida, cómoda y confortable, pero basada en el engaño; ha de superar
miedos y dificultades para ser capaz de comprender la nueva realidad que tiene
ante sus ojos, más verdadera y auténtica que la anterior. De ahí que el
prisionero deba ser “obligado”, “forzado”, “arrastrado”, por una “áspera y
escarpada subida”, y acostumbrarse poco a poco a la luz de fuera, hasta
alcanzar el conocimiento de lo auténticamente real, lo eterno, inmaterial e inmutable:
las Ideas. Pero no acaba aquí la tarea del filósofo: una vez formado en el
conocimiento de la verdad, deberá “descender nuevamente a la caverna” y, aunque
al principio se muestre torpe y necesite también un período de adaptación, deberá
ocuparse de los asuntos humanos, los propios del mundo sensible (la política,
la organización del Estado, los tribunales de justicia, etc.).
Es muy importante relacionar este mito con los
conocimientos generales sobre la filosofía de Platón, en especial con la teoría
de las Ideas, la distinción entre conocimiento y opinión, etc., y poner
especial atención en interpretar correctamente las abundantes metáforas del
mito (“la visión”, “las cadenas”, “las cosas del interior”, “las cosas de
arriba”, “el sol”, etc.) traduciéndolas a los respectivos conceptos de la
filosofía platónica
Tomado de http://www.unsam.edu.ar/escuelas/ciencia/docs/Platon%20El%20mito%20de%20la%20caverna%20-%20Admisi%C3%B3n%20IEU.pdf
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